
No tuvimos tanta suerte y nos pilló medio pachuchos este año, pero celebramos de todos modos, algo de mocos y poco más. También disfrazados los cuatro, lo cual encuentro un logro, pero sucede. Itamar iba de minion, Yaará no estoy muy segura si era un gato, un oso, o simplemente un animal morado peluso pero a mi me daban ganas de morderla y creo que eso cumple con las necesidades de un disfraz infantil. Y Eliahu y yo pues no se muy bien, pero algo inspirado en el antiguo marruecos.
Eliahu se llevó a Itamar a repartir los regalos típicos del día y el peque lo disfrutó como lo disfrutan todo los niños con sorpresa y felicidad. Después fuimos a comer a casa de unos amigos, con más amigos y niños de la edad de los nuestros. Que se lo pasaron bien es decir poco, que nosotros otro tanto de lo mismo, también. Nos organizamos para cocinar y estaba todo delicioso, una barbacoa bien hecha con sus ensaladitas y su pan. Un gusto. Además tuvimos una alegría extra. Uno de los invitados trajo consigo la meguilá (libro donde está la historia de Ester) y nos la leyó de forma particular a los que estábamos allí. Un lujo de verdad.